~ Tenemos cicatrices que nos mantienen refugiados en una independencia emocional aparentemente inquebrantable,
que nos empeñamos en afirmar que todos los que llegan y al tiempo desaparecen,
sólo rozan.
Nos movemos en un campo social de barreras protectoras, reforzadas con comentarios autoengañosos donde cada cicatriz se traduce en un aumento de la capacidad de resistencia de dichas barreras.
Damos a entender que estamos encantados de seguir manteniendo la primera persona del singular, de no estar expectantes. Ello no denota inseguridad, no tiene por qué!.
~Es más bien la necesidad de convencernos de que no somos unos kamikazes; es la forma que tenemos de alardear de autocontrol,
aunque sólo sea delante del espejo. Sin embargo,
toda esa convicción se tambalea con el roce de una mirada o una sonrisa que aparecen divagando a nuestro alrededor. Una y otra vez, las cicatrices dejan de ser motivos para estar alerta y pasan a formar una mera colección de todas las nuevas historias que, tal vez de manera involuntaria, quisimos que convirtiera el independiente yo en un,
aunque sea débil,
nosotros.
♥ & ♥
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